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Tren Maya, destrucción andante de la selva, flora y fauna en la península de Yucatán, sostiene arqueóloga del INAH

Foto del escritor: Conexión Turística
Conexión Turística
hace 1 hora
5 min de lectura
  • La experta arqueologra y antropóloga del INAH, María Noemí Castillo Tejero, afirma que el trazo ferroviario y cercado de vía obstaculizan el desplazamiento de la fauna silvestre. La también catedrática de la UNAM cuestiona la destrucción de la selva y advierte que los daños a los ecosistemas son irreversibles y no pueden repararse. Reclama información de los materiales arqueológicos que se recuperaron en la obra.


Por Victor Hugo Rubio Duarte


Foto: Periódico Fin de Semana. Izquierda, Antropóloga María Noemí Castillo Tejero 


La construcción del Tren Maya dejó, además de su infraestructura ferroviaria, consecuencias ambientales en la península de Yucatán. Fragmentación de la selva, dificultades para el desplazamiento de la fauna, y pérdida de vegetación constituyen el centro de las preocupaciones expresadas por la doctora María Noemí Castillo Tejero, experta arqueóloga y antropóloga del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien considera que los daños provocados por el proyecto son irreversibles.


En entrevista exclusiva con Conexión Turística, la también investigadora y catedrática de la UNAM fue categórica al responder sobre si las afectaciones a la flora y la fauna ocasionadas por la obra pueden revertirse: “Es totalmente irreversible”, afirmó.


La especialista, con 75 años de trayectoria en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), cuestiona la falta de pasos adecuados para el desplazamiento de los jaguares y advierte sobre afectaciones al patrimonio arqueológico y falta de información que a su juicio permita conocer los resultados de trabajos realizados.


En su conversación con Conexión Turística, la crítica al Tren Maya de la doctora Castillo se centra en la transformación de la selva y las consecuencias para la flora y la fauna. Su valoración es contundente: considera que el daño es irreversible y que la obra no garantizó condiciones suficientes para proteger el desplazamiento de los animales.


Antropologa del INAH, Dra. María Noemí Castillo Tejero, catedratica de la UNAM


Su señalamiento no se limita a la pérdida de cobertura vegetal. Castillo Tejero puso especial énfasis en las barreras que la infraestructura representa para la movilidad de los animales silvestres, particularmente del jaguar, especie emblemática de los ecosistemas de la región, cuya conservación depende de la continuidad de su hábitat.


La especialista cuestionó que el corredor ferroviario se encuentre cercado sin que, según su observación, existan pasos suficientes o adecuados para permitir el tránsito de estos animales. “La ruta del Tren Maya está bardeada; pasa el jaguar donde debieron de haber hecho pasos y no están”, señaló durante la conversación.


Castillo Tejero advirtió que el impacto de una obra de esta magnitud no puede evaluarse únicamente por la superficie ocupada por las vías. También debe considerarse la alteración del territorio que atraviesa, la interrupción de los corredores naturales y las consecuencias que las barreras físicas pueden tener para el desplazamiento de la fauna.


La preocupación central es que la infraestructura no solamente ocupa espacio en la selva: también puede dividir ecosistemas que antes mantenían continuidad. En ese sentido, la discusión sobre el Tren Maya trasciende la construcción y operación de una vía ferroviaria y alcanza la conservación de la biodiversidad de la península.


El Colectivo ambientalista "Sélvame del Tren" denunció y exhibió el ecocidio del Tren Maya


Una selva intervenida y una fauna expuesta a nuevas barreras


Para Castillo Tejero, uno de los problemas fundamentales es que las consecuencias ambientales de una obra de esta escala no terminan cuando concluye la construcción. La transformación del territorio puede prolongarse en el tiempo, especialmente cuando las instalaciones ferroviarias, sus cercamientos y las áreas intervenidas modifican las condiciones naturales de desplazamiento de las especies.


La investigadora fue más allá al expresar su preocupación por la pérdida de vegetación y la alteración de la selva. “Ya destruyeron la selva totalmente”, sostuvo, al referirse a los impactos que atribuye al Tren Maya y a las denuncias formuladas por especialistas y organizaciones ambientalistas.


Su declaración refleja la gravedad con la que percibe la intervención del territorio. Sin embargo, la dimensión precisa de la pérdida de cobertura forestal, las especies afectadas y el grado de fragmentación de los hábitats requiere evaluaciones ambientales específicas para cada tramo, con indicadores que permitan distinguir entre los daños documentados, los riesgos identificados y las medidas de mitigación aplicadas.


El señalamiento cobra relevancia en una península donde la conservación de los ecosistemas forestales y la conectividad entre áreas naturales son factores importantes para la supervivencia de numerosas especies.


En el caso del jaguar, la continuidad territorial resulta especialmente relevante porque se trata de un animal que requiere amplios espacios para desplazarse. Las barreras físicas pueden dificultar sus movimientos y aislar poblaciones, con posibles consecuencias para su reproducción y supervivencia.


El costo y devastación de la obra de infraestructura denunciado por ambiantalistas


Por ello, la observación de Castillo Tejero sobre la ausencia de pasos para la fauna en determinados puntos plantea una cuestión que va más allá de la infraestructura: si las soluciones ambientales fueron suficientes para mantener la conectividad de los ecosistemas atravesados por el ferrocarril.


El impacto no se mide solamente en hectáreas


La entrevista también pone sobre la mesa una discusión de fondo acerca de la manera en que se conciben y ejecutan los grandes proyectos de infraestructura en territorios ambiental y culturalmente sensibles. Aunque el Tren Maya tiene como propósito conectar destinos de la región y fortalecer la movilidad turística, la preocupación de la especialista se concentra en los costos ambientales que no fueron suficientemente considerados.


El análisis de esos impactos exige mirar más allá de la superficie directamente ocupada por las vías. La apertura de corredores, la remoción de vegetación, los cercamientos y la transformación de los espacios naturales pueden producir efectos acumulativos que no necesariamente se reflejan en una medición aislada del terreno intervenido.


En este contexto, la evaluación ambiental debe considerar la conectividad de los hábitats, los movimientos de la fauna, la conservación de la vegetación y efectividad de los pasos de fauna y demás medidas implementadas para reducir los impactos.


Castillo Tejero expresó su inconformidad con lo que considera una destrucción de la naturaleza que no puede repararse mediante acciones posteriores. Su postura apunta a una limitación esencial de medidas de compensación: reforestar o recuperar un área no significa necesariamente restablecer de inmediato las condiciones ecológicas de un ecosistema maduro ni reconstruir los corredores naturales que fueron interrumpidos.


Vista aérea del trazo del Tren Maya y el SOS lanzado por el Colectivo "Sélvame del Tren"


Una advertencia sobre las consecuencias de la obra


La doctora María Noemí Castillo Tejero ha dedicado su vida profesional a la investigación, la conservación y la defensa del patrimonio mexicano. Actualmente participa en las labores de análisis y defensa impulsadas desde la Comisión de Patrimonio Arqueológico, Histórico y Paleontológico del sindicato de investigadores del Instituto.


Sus declaraciones constituyen un señalamiento que debe contrastarse con estudios ambientales, registros de campo y evaluaciones independientes para dimensionar con precisión los efectos en los distintos tramos ferroviarios. También colocan sobre la mesa una pregunta ineludible para la política turística y ambiental de México:

¿Cómo conciliar el desarrollo de infraestructura con la conservación efectiva de los ecosistemas que dan identidad y valor natural a los destinos?


Para la arqueóloga, la respuesta no puede reducirse a construir primero y atender después las consecuencias. La protección de la naturaleza debe formar parte de la planeación desde el origen de cualquier proyecto que atraviese territorios de alta riqueza biológica.


Antropologa del INAH, Dra. María Noemí Castillo Tejero, y catedratica de la UNAM


La advertencia que deja el testimonio de la experta del INAH es clara: el desarrollo de una infraestructura ferroviaria no puede considerarse completo si sus beneficios de movilidad y turismo no van acompañados de una evaluación rigurosa y de medidas eficaces para proteger la selva y la fauna de la península de Yucatán.

 
 
 

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