Baja California se sirve en la mesa, experiencia gastronómica única para descubrir el destino a través de sus sabores y sus vinos
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La presentación culinaria en Ciudad de México fue encabezada por el secretario de Turismo de Baja California, Miguel Ángel Badiola, quien comentó durante esta experiencia sensorial gastronómica que la fortaleza turística del estado reside en su diversidad.
Por Víctor Hugo Rubio Duarte

Secretario de Turismo del estado de Baja California, Miguel Ángel Badiola.
Con platillos de autor, productos emblemáticos de la región y una selección de vinos del Valle de Guadalupe, Baja California ofreció en Ciudad de México una experiencia gastronómica encabezada por el secretario de Turismo de esa entidad, Miguel Ángel Badiola, que fue mucho más allá de una presentación promocional. Fue un encuentro que reunió a tour operadores de la CDMX y prestadores de servicios turísticos del destino, como directivos de hoteles, restaurantes, viñedos, y servidores públicos, donde la cocina se convirtió en el mejor argumento para descubrir la diversidad de ese estado norteño.
Hay destinos que se presentan con discursos, cifras, mapas, videos promocionales y largas listas de atractivos. Y hay otros que, inteligentemente, deciden sentar a sus invitados a la mesa y permitir que el territorio hable por sí mismo.
Eso fue lo que ocurrió durante la extraordinaria experiencia gastronómica organizada para dar a conocer algunos de los sabores, productos y posibilidades turísticas de Baja California, un encuentro realizado en uno de los salones del Mondrian Condesa, en la Ciudad de México, a la que fueron invitados profesionales de la industria turística.
Más que una comida de protocolo o una presentación convencional del destino, el encuentro se convirtió en un recorrido sensorial por Baja California. Cada tiempo, cada ingrediente y cada copa fueron construyendo una narrativa que confirmó algo que el estado ha sabido desarrollar durante décadas: su gastronomía no es un complemento de la experiencia turística, sino uno de sus principales motivos de viaje.
La propuesta culinaria, diseñada como presentación de destino a través de la mesa, combinó cocina de autor, productos provenientes de distintas regiones de Baja California y una cuidada selección de vinos, con especial protagonismo de la producción vitivinícola que ha convertido al Valle de Guadalupe en uno de los territorios enológicos más reconocidos de México.
Un menú para viajar por Baja California sin levantarse de la mesa
Desde el primer momento quedó claro que la intención del encuentro no era únicamente ofrecer una comida de alto nivel. La experiencia fue concebida como un recorrido gastronómico en varios tiempos, donde los productos del mar, las técnicas contemporáneas, los ingredientes regionales y los vinos bajacalifornianos dialogaron para mostrar la riqueza de una entidad que posee una de las despensas más diversas del país.

La bienvenida tuvo como protagonista al ostión, uno de los productos que inmediatamente remiten a la riqueza marítima de Baja California y, particularmente, a regiones como San Quintín, cuya producción ha alcanzado reconocimiento en las grandes cocinas del país.
El menú continuó con una propuesta a partir de gravlax de trucha Steelhead, acompañado por elementos que aportaron frescura y contraste, y que permitieron apreciar el tratamiento contemporáneo de productos de calidad excepcional.

El siguiente tiempo llevó la experiencia hacia sabores más profundos y complejos, con una preparación de lechón prensado, acompañado por vegetales y elementos encurtidos y en escabeche, en una construcción culinaria donde la técnica y el producto encontraron un equilibrio atractivo.
La experiencia concluyó con un postre de autor, “Duraznos de Maneadero parrillados” que puso el punto final a un menú diseñado para mantener una lógica gastronómica de principio a fin, acompañado, como el resto de la comida, por vinos seleccionados para complementar y potenciar cada preparación.
Como un espléndido maridaje que inició con el espumoso “Encino de Piedra”; siguió con un Madera 5 Sauvignon Blanco; y concluyo con un “Relieve” Nebbiolo.
Cada maridaje reforzó la personalidad de los platillos y mostró la versatilidad de los vinos producidos en Baja California, confirmando por qué la región vitivinícola del estado ocupa un lugar central dentro de la conversación sobre turismo gastronómico en México.
Y ahí estuvo otro de los grandes protagonistas de la tarde
Al hablar de Baja California y de su gastronomía es, inevitablemente, hablar de vino. El Valle de Guadalupe, presente en cada copa.
Los maridajes permitieron a los asistentes acercarse a distintas expresiones de la producción vinícola bajacaliforniana, particularmente del Valle de Guadalupe, región que se ha consolidado como uno de los grandes referentes enoturísticos de México.
No se trató simplemente de servir vino durante la comida
La selección permitió entender cómo la gastronomía y la vitivinicultura forman hoy parte de una misma ecuación turística. El visitante que llega a Baja California encuentra restaurantes, cocineros, productores, casas vinícolas, rutas, paisajes y experiencias que han convertido a la región en un ecosistema gastronómico completo.
La también fue una herramienta para contar el destino
El Valle de Guadalupe ha dejado de ser solamente una zona de producción para convertirse en una experiencia turística integral: hoteles boutique, restaurantes, arquitectura, cocina de autor, recorridos entre viñedos y una creciente oferta de actividades que permiten al visitante acercarse directamente a quienes producen el vino. Y esa identidad estuvo presente durante toda la velada.

Baja California: siete municipios, una enorme diversidad de experiencias
La presentación contó con la participación del secretario de Turismo de Baja California, Miguel Ángel Badiola, quien aprovechó el encuentro para recordar que la fortaleza turística del estado reside, precisamente, en su diversidad.
Ante los invitados, entre ellos tour operadores de la Ciudad de México, el secretario hizo un recorrido por las posibilidades que ofrece una entidad integrada por siete municipios: Tijuana, Mexicali, Ensenada, Playas de Rosarito, Tecate, San Felipe y San Quintín.
Badiola subrayó que Baja California tiene una característica difícil de replicar: en un mismo estado conviven el mar y el desierto, las montañas y los oasis, las rutas del vino y las actividades de aventura, la gastronomía y el turismo deportivo, los grandes centros urbanos y algunos de los paisajes naturales más espectaculares del noroeste mexicano.
“Tenemos mucho que ofrecer, tenemos mucho que presumir”, expresó el secretario durante su intervención.

Y la afirmación no fue retórica
Baja California puede construir experiencias turísticas alrededor de productos y atractivos que poseen identidad propia. Está la célebre langosta de Puerto Nuevo y Rosarito. Está la gastronomía china de Mexicali, resultado de una historia migratoria que hoy forma parte de la identidad de la ciudad. Está la Chinesca, como experiencia cultural que permite comprender una parte fundamental de esa historia.
Está la vocación gastronómica de Mexicali, reconocida por la calidad de sus carnes y por productos como el dátil, así como una creciente oferta culinaria que refleja la diversidad cultural de la región.
Y, por supuesto, está Tijuana, una ciudad que ha construido una identidad gastronómica propia y que forma parte de la historia de una de las preparaciones más famosas del mundo: la ensalada Caesar, creada en esa ciudad fronteriza.
Del ostión de San Quintín a la mesa de los grandes restaurantes
Uno de los momentos más interesantes de la intervención de Miguel Ángel Badiola fue precisamente cuando hizo referencia a la calidad de los productos provenientes de San Quintín.
El secretario recordó que los ostiones de esta región son reconocidos por su calidad y llegan incluso a las cocinas de algunos de los restaurantes más importantes del país. Y esa referencia tuvo una conexión lógica con la experiencia de la comida.
El ostión servido como bienvenida no fue solo un ingrediente sofisticado. Fue gran entrada de presentación: Baja California posee una enorme riqueza productiva y buena parte de su fortaleza gastronómica proviene precisamente de la cercanía entre el territorio y la mesa.

Los mares de la entidad proporcionan pescados y mariscos de enorme calidad. Sus valles producen vino, aceite, vegetales y otros productos.
Sus zonas ganaderas aportan carnes reconocidas. Sus diferentes comunidades han contribuido, además, a construir una gastronomía profundamente mestiza y contemporánea:
Por eso la cocina bajacaliforniana resulta tan difícil de encasillar.
Ø Es cocina de mar, pero también de desierto.
Ø Es cocina fronteriza, pero profundamente mexicana.
Ø Es tradición, pero también innovación.
Ø Es producto local, pero con una mirada global.
Ø Y eso fue, precisamente, lo que la comida logró transmitir.
Ø Ensenada y la puerta de entrada al enoturismo
Baja California tampoco puede entenderse sin Ensenada, uno de los grandes polos turísticos del estado y una de las principales puertas de entrada a la experiencia enogastronómica de la región.
Badiola recordó durante su participación la importancia del puerto dentro de la industria de cruceros y la relevancia que tiene para la economía turística de Baja California.

Ensenada es mucho más que un puerto
Es también el punto de partida para adentrarse en algunas de las rutas gastronómicas y vinícolas más importantes de México. Desde ahí se articulan recorridos hacia el Valle de Guadalupe y otras zonas productoras, donde el visitante puede pasar de una casa vinícola a un restaurante de autor, de un hotel boutique a una experiencia entre viñedos.
El turismo gastronómico ha demostrado que un viaje ya no tiene que construirse exclusivamente alrededor de una playa, un monumento o un museo. Cada vez más viajeros eligen un destino para comer bien, beber bien y conocer directamente el origen de lo que consumen.
Baja California entendió esa transformación hace tiempo
Y hoy posee una de las ofertas más sólidas del país para atender a ese viajero que busca experiencias auténticas, contacto con productores, cocineros y proyectos que cuentan una historia.
San Quintín: naturaleza, producto y nuevas posibilidades turísticas
El secretario de Turismo también hizo referencia al crecimiento que está experimentando San Quintín, un territorio que poco a poco comienza a ocupar un lugar más visible dentro del mapa turístico estatal. Sus paisajes naturales, humedales, costa, actividades deportivas y de aventura, así como su producción de productos del mar, ofrecen la posibilidad de desarrollar experiencias distintas a las tradicionales.
Badiola mencionó atractivos naturales como La Lobera y la riqueza de los humedales, así como el potencial del turismo deportivo y de aventura. San Quintín representa la enorme oportunidad que tiene Baja California para seguir diversificando su oferta.
Porque mientras el Valle de Guadalupe se ha consolidado como un referente internacional del vino y la gastronomía, otros territorios del estado comienzan a mostrar que existe una nueva generación de experiencias por descubrir.

Del desierto al mar, y de las carreras off-road al turismo binacional
Miguel Ángel Badiola hizo énfasis en otro de los atributos que distinguen a Baja California: la posibilidad de encontrar en un mismo territorio escenarios radicalmente diferentes. El estado cuenta con costa sobre el Pacífico y el Golfo de California, zonas desérticas, sierras, montañas, oasis y una geografía que permite desarrollar actividades relacionadas con el turismo de naturaleza, aventura y deporte.
Baja California es también un referente internacional de las competencias off-road, un segmento que atrae a participantes y aficionados de distintos países y que forma parte de la identidad turística de la región. A ello se suma la condición geográfica excepcional: su relación con California y la posibilidad de construir experiencias binacionales.
La frontera, en este caso, no es únicamente una línea de división. Es también una oportunidad para generar productos turísticos que conecten dos mercados, dos culturas y dos de las regiones más dinámicas de América del Norte.
Una invitación directa a quienes venden México
La presencia de importantes tour operadores de la Ciudad de México tuvo un significado especial dentro de esta presentación. La gastronomía puede ser una poderosa herramienta de promoción, pero para convertirse en turismo necesita también ser traducida en productos, rutas y experiencias que puedan llegar al mercado. Y ahí es donde los operadores desempeñan un papel fundamental.
La comida permitió a quienes participan directamente en la comercialización de viajes conocer, degustar y experimentar una parte de lo que Baja California puede ofrecer a sus clientes. Porque resulta muy distinto recibir una presentación sobre la calidad de un vino que probarlo.
Es diferente escuchar que San Quintín produce ostiones de gran calidad que comenzar una comida precisamente con uno de ellos. Es diferente leer que Baja California posee una de las cocinas más diversas de México que recorrer esa diversidad, aunque sea parcialmente, a través de una sucesión de platillos.
La experiencia directa genera memoria
Y la memoria, en turismo, puede convertirse después en una recomendación, una ruta, un paquete o un viaje. La gastronomía como estrategia de promoción turística. La gran lección de la experiencia fue precisamente esa.
Baja California encontró en esta experiencia gastronómica una manera particularmente eficaz de hacerlo. No hizo falta una interminable presentación de diapositivas para comprender la diversidad del estado.
La geografía apareció en los ingredientes. La historia se manifestó en las referencias a Mexicali, Tijuana, Ensenada y San Quintín.

La producción regional estuvo presente en la mesa. Y el Valle de Guadalupe se expresó, literalmente, copa tras copa.
La invitación permitió comprobar de primera mano por qué Baja California ocupa un lugar cada vez más relevante dentro del turismo gastronómico nacional. La cocina del estado no es una moda pasajera ni una etiqueta diseñada para atraer visitantes.
Es el resultado de un territorio extraordinariamente diverso, de una relación histórica con el mar y la frontera, de la riqueza de sus productos, de la creatividad de sus cocineros y de una industria vitivinícola que ha logrado posicionarse como una de las más importantes del país. Al final, la experiencia realizada en el Mondrian Condesa dejó una conclusión muy clara.
Baja California puede explicarse con mapas, estadísticas y campañas de promoción. Pero probablemente una de las mejores maneras de entenderlo sea sentarse a la mesa, probar sus productos y levantar una copa de vino de sus valles.




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