El vino mexicano, crece en casa mientras el mundo presiona con excedentes, precios y tipo de cambio

Actualmente, cuatro de cada diez botellas de vino que se consumen en México son nacionales, y 32% del vino mexicano se comercializa por debajo de los 300 pesos de acuerdo con el Consejo Mexicano Vitivinícola.
La industria vitivinícola mexicana atraviesa un momento que el propio presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola, Salomón Abedrop López, definió como “agridulce”, por un lado, el vino mexicano ha logrado consolidar una mayor presencia en el mercado nacional; por otro, productores nacionales enfrentan una competencia cada vez más intensa.
Por Víctor Hugo Rubio

La industria vitivinícola mexicana mantiene el crecimiento de su consumo interno, pero enfrenta una competencia internacional más agresiva, presiones de precios y un tipo de cambio que abarata las importaciones; el desafío está en consolidar calidad, consumo y competitividad.
La industria vitivinícola mexicana atraviesa un momento que el propio presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola, Salomón Abedrop López, definió como “agridulce”.
La razón es que, por un lado, el vino mexicano ha logrado consolidar una mayor presencia en el mercado nacional; por otro, productores nacionales enfrentan una competencia cada vez más intensa debido al comportamiento de los principales mercados internacionales, los excedentes de producción y las condiciones cambiarias.
Actualmente, cuatro de cada diez botellas de vino que se consumen en México son nacionales, de acuerdo con el Consejo Mexicano Vitivinícola. Pero mantener y ampliar esa participación no será sencillo.
Un mercado internacional que cambia
Uno de los principales factores que está modificando las condiciones de competencia es la disminución del consumo de vino en varios mercados tradicionales.
Abedrop explicó que en Europa se ha registrado una reducción del consumo, mientras que también Estados Unidos ha mostrado una contracción. El efecto sobre México es directo: países con grandes volúmenes de producción están buscando nuevos mercados para colocar sus excedentes.

España, Italia y Francia se encuentran entre los países mencionados por el presidente del Consejo como productores que están enviando mayores volúmenes hacia mercados consumidores como México, Brasil, Rusia y China. A esta competencia se suman Chile, Argentina, Nueva Zelanda y Australia.
El problema no es necesariamente que todos esos vinos sean de baja calidad, sino que la existencia de excedentes internacionales genera una presión adicional sobre los espacios disponibles en los anaqueles y sobre los precios. El mercado mexicano se convierte así en un terreno donde productores nacionales e importadores compiten prácticamente botella por botella.
La batalla por el precio
La competencia no se limita a la calidad o a la preferencia del consumidor. El precio se ha convertido en otro de los grandes campos de disputa.
Según los datos presentados por el Consejo Mexicano Vitivinícola, actualmente 32% del vino mexicano se comercializa por debajo de los 300 pesos, una proporción que, de acuerdo con Abedrop, era considerablemente menor hace una década. El dato refleja un proceso de ampliación de la presencia del vino mexicano en segmentos de precio más accesibles.
En el rango medio, entre 300 y 500 pesos, se concentra 47% del vino mexicano vendido. Este segmento representa uno de los principales espacios de competencia con las etiquetas importadas.
El Consejo considera que la creciente presencia de vinos mexicanos en esos rangos demuestra que el producto nacional ha logrado consolidar participación de mercado en categorías donde compite directamente con vinos provenientes de otros países.

El peso también juega
A la presión de los excedentes internacionales se suma un factor que los productores nacionales no pueden controlar directamente: el tipo de cambio. Abedrop explicó que un peso mexicano fuerte frente al dólar abarata los productos importados al momento de convertir sus costos a moneda nacional.
Durante el encuentro señaló que, con un tipo de cambio ubicado alrededor de los 17 a 20 pesos por dólar, algunos vinos importados pueden llegar al mercado mexicano con una ventaja de precio frente a periodos en los que el peso tenía un valor menor.
El dirigente ejemplificó que un vino que anteriormente podía encontrarse en un anaquel en alrededor de 250 pesos puede llegar actualmente a comercializarse en torno a los 200 pesos, dependiendo de las condiciones de importación y comercialización.
Para los productores nacionales, esta es una variable externa que no pueden modificar. Tampoco pueden incidir directamente sobre la caída del consumo en otros países o sobre los excedentes de producción de los grandes productores internacionales. La respuesta, por ello, debe encontrarse en los factores que sí están dentro del ámbito de acción de la industria.
Calidad y adaptación: dos de las cartas del vino mexicano
Entre esos factores se encuentran la calidad y la especialización. El sommelier Ricardo Espíndola explicó que la vitivinicultura mexicana ha experimentado una evolución importante durante los últimos años.

Desde su experiencia de 25 años en la industria, señaló que tanto el campo como los elaboradores y técnicos han adquirido mayor conocimiento y especialización. Uno de los cambios ha sido la adaptación de variedades a las condiciones específicas de las diferentes regiones.
En lugar de reproducir de manera automática estilos provenientes de otras regiones productoras del mundo, los vitivinicultores mexicanos han desarrollado variedades y perfiles adaptados a sus propios territorios.
Espíndola mencionó como ejemplo el Malbec del Bajío, así como la adaptación de la Marcelana en Querétaro y otras entidades. También destacó la evolución de Baja California, con sus Cabernet y Tempranillos, así como el desarrollo de vinos blancos, rosados y espumosos. La experiencia acumulada, sostuvo, ha permitido elevar el nivel técnico del sector y fortalecer la presencia del vino mexicano en competencias internacionales.
Una industria que comienza en el campo
Uno de los elementos centrales de la industria vitivinícola mexicana es su carácter agroindustrial. Salomón Abedrop destacó que más de 95% de los productores de vino mexicano también son productores agrícolas. Esto significa que la industria no puede analizarse exclusivamente como una actividad relacionada con bebidas alcohólicas o con el consumo gourmet.
Su origen está en la agricultura y en el empleo rural. De acuerdo con Eduardo Ayala, titular del Sector de Bebidas, Deporte, Turismo Verde, Ciclismo y Montañismo de la Secretaría de Economía, la cadena vitivinícola genera alrededor de 500 mil empleos.

La cifra incluye las distintas etapas de la cadena productiva y fue presentada durante el encuentro como un indicador de la relevancia económica de la actividad. La transformación de la uva en vino incrementa el valor agregado del producto y genera actividad económica adicional en las bodegas, comercialización y servicios relacionados.
El reto de fortalecer el consumo nacional
La industria identifica oportunidad en el consumidor mexicano. Los datos presentados durante la conferencia muestran que México consiguió crecer 1% en consumo de vino durante 2025, mientras otros grandes mercados registraron reducciones.
Pero ese crecimiento no está exento de problemas. El Consejo reconoce que existe una competencia intensa entre productores nacionales e importadores. Por eso, una de las estrategias consiste en ampliar el conocimiento y la preferencia por el vino mexicano.
Las campañas de promoción, la formación de consumidores, la presencia en restaurantes y la incorporación de más etiquetas nacionales en las cartas forman parte de esta estrategia. Canirac informó que más de 100 restaurantes en 18 estados se habían sumado a las actividades del Día del Vino Mexicano y del mes de octubre.
La organización restaurantera también plantea incrementar las opciones de vino por copeo y generar experiencias que permitan que el consumidor pruebe diferentes etiquetas sin tener necesariamente que adquirir una botella completa.
El restaurante como punto de contacto
Para la industria, el restaurante es más que un canal de venta. Es uno de los lugares donde el consumidor puede descubrir una región, una variedad de uva o una bodega. La presidenta ejecutiva de Canirac, Claudia Ramírez, hizo énfasis en la necesidad de que los establecimientos incorporen más etiquetas nacionales y capaciten a sus equipos.

El objetivo es que el personal oriente al comensal y el vino mexicano encuentre espacio junto a la diversidad gastronómica nacional. Este vínculo tiene una dimensión turística. Una botella puede conectar al consumidor con un territorio y despertar su interés.
Enoturismo: una oportunidad para diversificar
La Secretaría de Turismo identificó precisamente esa posibilidad. Raúl Pereda Razo, director de Desarrollo de Reuniones de Sectur, informó sobre el trabajo para integrar formalmente el enoturismo al Registro Nacional de Turismo. El propósito planteado es proporcionar mayor formalidad y competitividad a este segmento.

Actualmente existen ocho rutas enoturísticas consolidadas, localizadas en estados como Baja California, Coahuila, Chihuahua, Querétaro, Guanajuato y Aguascalientes. El desarrollo del enoturismo permite que la cadena de valor se extienda desde el viñedo hacia hoteles, restaurantes, operadores turísticos, experiencias gastronómicas y otros servicios. De esta manera, el vino puede convertirse en un producto turístico capaz de generar desplazamientos y actividad económica en los territorios donde se produce.
Un sector que necesita consolidar lo ganado
El escenario que enfrenta la vitivinicultura mexicana combina avances y presiones. El crecimiento de 1% en el consumo nacional durante 2025 y la participación de cuatro de cada diez botellas consumidas constituyen señales de fortalecimiento del producto nacional. Pero al mismo tiempo, la industria enfrenta una oferta internacional abundante, competencia de precios, variaciones cambiarias y un mercado global en transformación.
El desafío es convertir la preferencia alcanzada entre los consumidores mexicanos en una tendencia sostenible. Para lograrlo, la cadena vitivinícola tiene varias tareas: elevar y mantener la calidad, ampliar los segmentos de precio, fortalecer la comercialización, capacitar a restaurantes y consumidores, desarrollar el enoturismo, y aprovechar oportunidades de identificación geográfica y promoción de productos nacionales.
La industria mexicana ya no compite únicamente con otras bodegas nacionales. Sino con prácticamente todo el mundo en un mercado donde los excedentes de los grandes productores buscan nuevos consumidores.
Por eso, la próxima etapa para el vino mexicano no será solo producir más: será consolidar el mercado interno, defender espacios comerciales y lograr que más consumidores reconozcan el valor que hay detrás de cada botella producida en México.




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