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Día del Vino Mexicano: una celebración que conecta campo, gastronomía, turismo e identidad

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Conexión Turística
hace 48 minutos
5 min de lectura
  • La celebración del Día del Vino Mexicano, impulsada por el Consejo Mexicano Vitivinícola, plantea algo más que un festejo alrededor de una botella: busca poner en el centro de la conversación a toda una cadena productiva que comienza en el campo y termina en la mesa.


  • El vino mexicano tiene cada vez mayor presencia en las mesas nacionales, en restaurantes, en destinos turísticos y en los mercados especializados, indicó el presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola, Salomón Abedrop.


Por Víctor Hugo Rubio



El vino mexicano busca dejar de ser solamente una bebida para convertirse en un vehículo de identidad, cultura, gastronomía y turismo, mientras productores, restaurantes y autoridades impulsan una celebración que pretende extenderse más allá de una fecha en el calendario.


El vino mexicano tiene cada vez mayor presencia en las mesas nacionales, en los restaurantes, en los destinos turísticos y en los mercados especializados. Por ello, la celebración del Día del Vino Mexicano, impulsada por el Consejo Mexicano Vitivinícola, plantea algo más que un festejo alrededor de una botella: busca poner en el centro de la conversación a toda una cadena productiva que comienza en el campo y termina en la mesa.


Durante el encuentro organizado por el Consejo Mexicano Vitivinícola en la sede del Concurso Mundial de Bruselas, en la Ciudad de México, productores, autoridades, restauranteros y especialistas coincidieron en la necesidad de fortalecer el consumo de etiquetas nacionales y de aprovechar la creciente relación entre vino, gastronomía y turismo.



El presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola, Salomón Abedrop López, destacó que actualmente cuatro de cada diez botellas de vino que se abren en México son mexicanas, lo que representa, desde la perspectiva del organismo, un avance importante para la industria nacional.


El dato adquiere relevancia en un contexto internacional en el que el consumo de vino ha registrado retrocesos en distintos mercados. Abedrop explicó que mientras en Europa y Estados Unidos se han observado reducciones en el consumo, México ha logrado mantener una trayectoria diferente.


De acuerdo con las cifras expuestas durante el encuentro, el consumo de vino en México creció 1% durante 2025, frente a una reducción de alrededor de 6% en Estados Unidos y de 8% en Europa.


Más allá del porcentaje, el fenómeno muestra que el mercado mexicano se ha convertido en un espacio de competencia cada vez más intenso entre la producción nacional y las etiquetas importadas.


Del campo a la copa

Una de las principales características de la industria vitivinícola mexicana es que su actividad no comienza en una bodega, sino en el campo.


Abedrop señaló que más de 95% de los productores de vino mexicano también son productores agrícolas, por lo que detrás de cada botella existe una cadena que involucra cultivo, trabajadores del campo, procesamiento de la uva, elaboración, comercialización y servicios asociados.



El titular del Sector de Bebidas, Deporte, Turismo Verde, Ciclismo y Montañismo de la Secretaría de Economía, Eduardo Ayala, dimensionó la importancia de esa cadena al señalar que la industria vitivinícola genera alrededor de 500 mil empleos y que, de acuerdo con las cifras presentadas durante el encuentro, se ubica como el segundo mayor empleador dentro de las actividades primarias del campo.


La transformación de la uva en vino también representa un proceso de generación de valor agregado y de actividad económica que involucra a distintos sectores.


Por ello, el Día del Vino Mexicano funciona como un escaparate para una industria que busca que el consumidor conozca no solamente el producto final, sino también el origen de lo que está bebiendo.

Vino, gastronomía y restaurantes


La relación entre vino y gastronomía constituye uno de los principales ejes de esta celebración.



Para Claudia Ramírez, presidenta ejecutiva de Canirac, los restaurantes representan una de las principales vitrinas para los productos mexicanos, porque son espacios en los que se encuentran los ingredientes, las recetas, las tradiciones y las experiencias gastronómicas.


La dirigente restaurantera destacó que durante los últimos tres años se han desarrollado iniciativas para incrementar la presencia del vino mexicano en las cartas de los restaurantes.


En esta ocasión, más de 100 restaurantes de 18 estados se habían incorporado a las actividades relacionadas con el Día del Vino Mexicano y el mes de octubre, con distintas promociones destinadas a incentivar el consumo de etiquetas nacionales.


Entre ellas se encuentran esquemas de descorche para vinos mexicanos, con promociones que van de cero a 50 pesos, además de acciones de consumo y experiencias gastronómicas.


La intención es que el consumidor encuentre más fácilmente vino mexicano en los restaurantes, tenga posibilidades de probarlo y pueda relacionarlo con la diversidad de la cocina nacional.


Desde esta perspectiva, el Día del Vino Mexicano busca convertir la elección de una botella nacional en una experiencia que involucre también a restaurantes, chefs, sommeliers, productores y consumidores.


Una experiencia turística

El vino también está adquiriendo una dimensión turística. El director de Desarrollo de Reuniones de la Secretaría de Turismo, Raúl Pereda Razo, señaló que el vino constituye una experiencia cultural, económica y turística, y destacó el trabajo conjunto entre la dependencia federal y el Consejo Mexicano Vitivinícola para fortalecer este segmento.



Uno de los objetivos planteados es avanzar en la incorporación del enoturismo al Registro Nacional de Turismo, con la finalidad de dotar al segmento de mayor formalidad y competitividad.


La Secretaría de Turismo destacó asimismo la existencia de ocho rutas enoturísticas consolidadas, ubicadas en entidades como Baja California, Coahuila, Chihuahua, Querétaro, Guanajuato y Aguascalientes.


Estas rutas permiten ampliar el significado del vino más allá de la degustación. El visitante puede conocer los viñedos, recorrer las bodegas, acercarse a los procesos productivos y relacionarse con la gastronomía y la cultura de cada región.


Así, el vino se convierte en un elemento capaz de generar desplazamientos turísticos y de distribuir actividad económica en comunidades y destinos productores.


Conocer el vino para consumirlo

Otro de los elementos señalados durante el encuentro fue la formación de consumidores y especialistas.


El sommelier Ricardo Espíndola, quien cuenta con 25 años de trayectoria en la industria del vino, destacó el trabajo desarrollado desde el ámbito educativo para promover el conocimiento del vino mexicano.



Explicó que, a través de la Escuela Mexicana de Sommeliers, se ha desarrollado una especialidad o curso especializado en vino mexicano, con contenidos orientados a conocer las regiones, variedades y características de la producción nacional.


La evolución del sector también ha implicado una mayor especialización en el campo y una adaptación de las variedades de uva a las condiciones de las distintas regiones mexicanas.


Espíndola puso como ejemplos el Malbec del Bajío, así como variedades como la Marcelana, además de los Cabernet y Tempranillos de Baja California y la diversidad de vinos blancos, espumosos y rosados que actualmente se producen en el país.


Para el especialista, esta evolución es significativa porque la vitivinicultura mexicana ha pasado de intentar reproducir determinados estilos internacionales a desarrollar una mayor adaptación a las condiciones propias del territorio.



Una celebración que pretende ir más allá de un día

El mensaje que se desprendió del encuentro fue que la celebración no debería agotarse en una fecha específica. La industria busca que el Día del Vino Mexicano funcione como punto de partida para generar una relación más constante entre consumidores y productores.


Canirac planteó que los restaurantes incorporen más etiquetas nacionales en sus cartas, capaciten a sus equipos, ofrezcan vino por copeo y desarrollen experiencias que permitan acercar el producto a diferentes segmentos de consumidores. La invitación también se dirigió directamente al público: preguntar por vino mexicano, probarlo y recomendarlo.


La lógica es sencilla: detrás de una botella existe una cadena que comienza con el productor agrícola, continúa con los trabajadores del campo, las bodegas y los especialistas, y se extiende hacia restaurantes, hoteles, operadores turísticos y otros servicios.


Por ello, celebrar el vino mexicano significa también reconocer una actividad productiva que combina agricultura, industria, gastronomía, turismo, empleo, conocimiento e identidad regional.


El reto para el sector consiste ahora en convertir esa celebración en una relación permanente con el consumidor.


Porque una fecha en el calendario puede llamar la atención sobre el vino mexicano; pero son las decisiones cotidianas frente a una carta de restaurante, un anaquel o una experiencia turística las que terminan determinando qué botella llega finalmente a la mesa.


 
 
 

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