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Carga fiscal del IEPS: el impuesto que encarece la calidad y pone en desventaja a la industria mexicana de bebidas alcohólicas con otros destinos

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    Conexión Turística
  • hace 3 horas
  • 3 Min. de lectura
  • Durante el taller especializado dirigido a medios de comunicación por el movimiento Moderniza IEPS, expertos analizaron el mercado de bebidas alcohólicas en México, los patrones de consumo y, sobre todo, las barreras regulatorias que frenan a miles de productores en el país.


Por Víctor Hugo Rubio Duarte



En México, producir una bebida alcohólica de calidad, ya sea tequila, mezcal, vino, implica enfrentar una estructura fiscal que, lejos de incentivar el desarrollo del sector, castiga su crecimiento, distorsiona el mercado y abre espacio a la ilegalidad.


Este fue uno de los principales mensajes expuestos durante el taller especializado dirigido a medios de comunicación por el movimiento Moderniza IEPS, donde expertos analizaron el mercado de bebidas, los patrones de consumo y, sobre todo, las barreras regulatorias que frenan a miles de productores en el país.


Un impuesto que pesa más que el producto


De acuerdo con la explicación de José Heraclio de Lucas, líder de Moderniza IEPS, el problema central radica en la forma en que se calcula el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), actualmente basado en el valor del producto (ad valorem).

Este esquema provoca una distorsión profunda: en muchos casos, el impuesto llega a valer más que la propia bebida.


“El valor de una botella de alcohol está determinado más por el impuesto que por el contenido mismo”, explicó De Lucas, al detallar cómo esta carga fiscal altera la competencia y desincentiva la producción de calidad.


Según datos presentados en el taller, una botella de mezcal puede tener una carga impositiva total superior al 47% de su precio final, al sumar IEPS, IVA e impuestos estatales.


Castigo a la calidad, incentivo a lo barato


El esquema actual genera un efecto perverso: penaliza a los productos de mayor valor y calidad, mientras favorece los de bajo precio y menor estándar.

Ejemplo claro:

  • Un aguardiente de bajo costo paga alrededor de 9.9 pesos de IEPS por litro

  • Un mezcal artesanal puede pagar entre 200 y 500 pesos de IEPS por botella


La consecuencia es evidente: los productores tienen incentivos para fabricar bebidas baratas y de alta graduación, en lugar de apostar por procesos artesanales o productos premium.


“Si haces un producto barato, pagas poco impuesto. Si haces uno de calidad, pagas mucho. Así es imposible competir”, subrayó De Lucas.


Desventaja competitiva frente al mercado informal


A esta distorsión se suma un problema aún mayor: la ilegalidad.México se encuentra entre los países con mayor mercado ilegal de alcohol en el mundo, con un valor estimado de 55.7 mil millones de pesos y pérdidas fiscales cercanas a 19.5 mil millones de pesos anuales por IEPS no recaudado.

El diseño del impuesto facilita prácticas irregulares:

  • Subvaluación de productos

  • Evasión fiscal

  • Comercialización de bebidas adulteradas o sin regulación


Esto genera un escenario donde el productor formal que cumple con la ley queda en clara desventaja frente a quienes operan fuera del sistema.


Un mercado dominado por lo industrial


El impacto del esquema fiscal también se refleja en la estructura del mercado:

  • 93.9% del consumo corresponde a cerveza

  • Solo 2.6% a destilados

  • Y apenas 1.1% a cerveza artesanal


Dentro de los destilados, los aguardientes, productos de bajo costo, han superado incluso al tequila en volumen de ventas.


Esto confirma la tendencia: el sistema favorece volumen sobre valor, cantidad sobre calidad.

El caso del mezcal: tradición en desventaja


El mezcal representa apenas 1.7% del mercado de destilados, pero aporta más de 1,400 millones de pesos en IEPS, una proporción desproporcionada frente a su tamaño.


Además, su producción implica una extensa cadena de valor:

  • agricultores de agave

  • maestros mezcaleros

  • transportistas

  • comercializadores


Miles de familias dependen de esta actividad, que combina tradición, identidad cultural y desarrollo regional.


Sin embargo, el actual esquema fiscal limita su crecimiento en el mercado nacional, incluso más que en mercados internacionales como Estados Unidos.


Un problema estructural sin homologación internacional


A diferencia de México, la mayoría de los países aplica impuestos específicos basados en el contenido de alcohol (ad quantum), no en el precio.

Esto permite:

  • mayor equidad entre productos

  • mejor control sanitario

  • menor incentivo a la evasión


En México, la falta de homologación genera una pérdida de competitividad internacional, ya que los productos nacionales enfrentan mayores distorsiones en su propio mercado.


Conclusión: una estructura que frena al sector


El diagnóstico es claro: el actual esquema del IEPS no solo afecta a grandes empresas, sino a miles de pequeños y medianos productores en todo el país.


Lejos de cumplir plenamente su objetivo de salud pública, el modelo vigente:

  • distorsiona el mercado

  • incentiva la informalidad

  • castiga la calidad

  • limita el desarrollo económico


Y en ese contexto, la industria mexicana de bebidas alcohólicas, una de las más representativas del país, enfrenta uno de sus mayores retos estructurales.

 
 
 

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